MASON VAGABUNDO




Cuando la dicha no es buena el diálogo con el maestro interno se convierte en el fin final de nuestro recorrido. Después de muchas tenidas el espíritu clama en el desierto buscando aquello que aún no ha encontrado. Cuando la filantropía y la fraternidad no es todo lo que se busca, la fuerza del destino te lleva hacia el barco del viaje desconocido. Al otro lado del océano no sé que puedo encontrar, pero tengo claro que en el muelle que abandono no hay más que recuerdos de un camino estrecho que serpentea la costa mostrando un vasto océano de entresijos bañados por la duda. Ahora me queda la posibilidad de coger el barco que me lleve a alguna orilla desconocida y dignamente arropado con la capa del conocimiento adquirido, mi exigencia de algo más me hace enrolarme en el buque que presto surcará el océano. Mis hermanos se quedan en sus cuitas formales y alguno de ellos en sus búsquedas personales, pero mi Yo apremia para que realice el camino que como vagabundo debo recorrer sin más dilación.  Mis conocimientos y la transmisión recibida serán mi vara y mi capa a donde más de una vez acudiré a refugiarme en los recuerdos. El jugo de mis frutos será recogido en el tamiz de la meditación solitaria bañándome en la luz necesaria para el transito al otro lado. Siempre aportaré a los que dejo en el camino aquello que crea humildemente que les puede ayudar a realizar su recorrido porque el lazo místico jamás nos separará y el asiento vacío en la logia, por todos aquellos que ya no están, tendrá un trocito de mi alma eternamente. Este es mi sueño, esta es mi realidad. 

LOS MOSTACHOS DE LOS BARBIQUEJOS

MI MAQUETA EN CONSTRUCCIÓN, LA BOUNTY


Cuando te liberas de la conexión con las redes sociales de Internet vuelves a navegar por ese otro mundo del pensamiento pacífico purificado por la inusitada y desconocida potencia de tu cerebro. He experimentado estos días en el mar del pensamiento como surcaba con mi velero el amplio océano de la conciencia liberada de las ataduras de la simpleza del diálogo vacío. 
Veía en lontananza otros buques armados de contradicciones y con la santabárbara repleta de complejos dispuestos a ser lanzados por las troneras cuando su ignorancia se veía rebasada por la luz que les deslumbraba.
Mis marineros prestos al combate recibían mi orden de velas prestas a barlovento y cierre de las troneras pues el enemigo no era presa digna de combate y menos de desgastar una sola bala de nuestra santabárbara. Ahora sí, mis pensamientos sumergidos en la paz que da poder y razón podían seguir proa al viento mientras los buques enemigos impotentes soñaban con disponer de mi poderoso buque de guerra.
Cuantas batallas ganadas al enemigo solo haciendo comprender a tus marineros que el poder de la razón es más poderoso que el miedo y la envidia.