EL AMOR DEL BUITRE


Uno de mis maestros contemporáneos me está enseñando estos días aunque reconozco que con un alto precio de un sufrimiento propio. Me recordaba y es posible que a él también el simbolismo del pelicano que se auto inmola para dar comida a sus crías. A mi maestro no creo que le tenga que enseñar que ese símbolo a él le debería decir mucho y servirle cuando duele aunque se ame. Este juego de palabras es una premonición que el mismo interpretó. Mi seguimiento meditativo en la oscuridad de la noche me es compensado durante el día rodeado de buitres carroñeros que me recuerdan que si llegara a ser un buen budista esos compañeros y vecinos en mis horas de soledad deberían dar buena cuenta de mis despojos cuando mi corazón deje de latir. De momento me gusta observarles de cerca si se dejan o con prismáticos cuando me sobrevuelan. La noche y los buitres creo que es un buen comienzo cuando duele y se ama o quizás sea cuando se ama y duele.